«Los hechos, no las palabras, cambian las cosas.»


«Toda la vida he sido respetuosa, he obedecido a los hombres. Ya no puedo seguir así.»


«Prefiero ser rebelde que esclava. Insto a las mujeres a la rebelión.»

«No subestiméis nunca el poder de las mujeres para decidir nuestro destino. No nos han dejado alternativa, ¡desafiad al gobierno!»

«¿Qué van a hacer? ¿Encerrarnos a todas? Somos la mitad de la humanidad, no pueden detenernos a todas.»

«Por 50 años trabajamos en paz para asegurar el voto femenino, pero nos ridiculizaron, atacaron e ignoraron. Por eso convoco a la rebelión. Le pido a las mujeres británicas que se rebelen.»

«No queremos quebrantar las leyes, queremos redactar las leyes.»

¿Os suena alguna de estas frases?

Son fragmentos de la película Sufragistas, una gran historia que no puede dejar indiferente a nadie porque es la historia de todos. Como  defensora de los derechos de los trabajadores/as, puesto que mis antecedentes profesionales hasta ahora hablan por sí solos, no podía quedarme inmune después de ver la lucha insaciable de las sufragistas. Nuestras antepasadas. Ellas. Nosotras. Yo hubiese hecho lo mismo, fácil decirlo, ¿verdad?. Sólo hay que ver la humillación, aberración y degradación que sufre la protagonista «Maud» (Carey Mulligan). Otra época, dura donde las haya, te la jugabas y tenías todas las de perder, pero sé que mi espíritu rebelde no hubiese podido soportar que nos hiciesen sentir objetos invisibles y máquinas de trabajo.

¿No os encantaría poder conocer al detalle la historia de si hubo una sufragista en vuestra familia? Daría lo que fuese, porque me quedé con ganas de más. Pero para eso está la historia y los libros que hasta ahora bien poco se ha hablado del papel de estas mujeres. He de reconocer que se me hizo corta a la espera de que que mis ojos pudiesen ver y sentir un desenlace victorioso, pero es cierto que con lo que relata la película es más que suficiente para entender un testimonio que debía ser contado o mejor dicho, gritado a los cuatro vientos. Una cruda aunque pasional historia verídica que todos deberíamos ver para ser conscientes de la vergonzosa realidad por la que tuvieron que pasar nuestras mujeres, poniendo en juego sus vidas, para llegar adonde hoy estamos. Y todavía queda mucho por hacer pero sin vosotras, HOY, nuestras vidas no tendrían sentido.

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GRACIAS. Luchadoras. Valientes. Mujeres. Madres. Esposas. Trabajadoras. Abuelas. Heroínas. Feministas. Humanistas. Defensoras. Rebeldes. Inconformistas. Indomables. Fuertes. Guerreras. Pasionales. Incondicionales. Pioneras. Auténticas. Justicieras…

Sois merecedoras de toda admiración y reconocimiento mundial.

Gracias por haber tenido el valor de batallar hasta la muerte para conseguir lo que hoy somos y poseemos. Y aunque hay que continuar avanzando aquí y en muchos otros países, nada  comparable a lo que vosotras fuisteis capaces de enfrentar. Conseguisteis que vuestro dolor y sufrimiento trasmutaran en el reconocimiento de nuestros derechos. Que llegasen a ser los mismos que los de los hombres porque no queríamos ni queremos más ni menos. Sólo igualdad. No a la discriminación positiva y negativa. No confundamos…

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Tampoco confundamos la discriminación positiva hacia las embarazadas o madres, quiénes como mujeres se encuentran en unas condiciones diferentes al resto, necesitando de una adaptación y tiempo considerable de recuperación, dedicación y vinculación con el bebé. Este es otro tema a abordar, al igual que lo es para el padre, puesto que es una vergüenza que un permiso de paternidad dure 15 días. Más que un permiso de paternidad parece el permiso del vecino. Y si ya hablamos de la conciliación de la vida profesional y familiar, hay que hacer malabares para poder llegar a todo y no sentirte excluida/o del trabajo. Por favor sigamos actuando en los momentos decisivos y clave.

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Volviendo con ellas, las protagonistas, pioneras de nuestros derechos, me quedo con el trabajo de Carey Mulligan sin duda, lleno de sentimientos, pasión, rabia y dolor. Auténtica, tanto que me hizo soltar alguna lágrima que otra y estas son la clase de películas que a mí me dejan huella. He de reconocer que eché de menos a Meryl Streep, ya que es una de mis actrices favoritas, quien ha declarado recientemente ser «humanista» que no feminista y se ha armado revuelo por su papel en la película, a lo que ella contesta que los hechos dicen más que las palabras y sus hechos llevan años reivindicando un mayor protagonismo de  las mujeres. Y qué decir de Helena Bonham, me gusta toda ella, avispada y diferente en cada uno de los trabajos que ha realizado a lo largo de estos años, para estar en su día con Tim Burton hay que ser especial…

GRACIAS por sacar a la luz películas como esta. Llenas de puro sentimiento, dolor, sufrimiento, pasión y sobre todo realidad. El mundo necesita personas como ellas, que se amen  a sí mismas incondicionalmente hasta el final.

GRACIAS por hacernos libres…

Carol