imageEste año todavía no me hago a la idea de que ya estemos a mitad de diciembre, y menos con estos 22 grados de temperatura que nos acompañan que alegran cada parte de mi ser. En a penas quince días se acaba este complicado dos mil quince y comienza otro año más. Será bueno ya que peor no puede ser.  Mejor sigamos sumando con lo que venga porque dos mil quince prometía por eso de que el cinco es mi número de la suerte y ha sido un completo «disaster», lleno de momentos para todos los públicos.

No soy capaz de visualizar la Navidad y este año menos. Puede que sea porque esté centrada y atrapada en otras cosas más importantes que las luces, compras y aglomeraciones. Cada vez que veo los escaparates es como que el abundante rojo, las bolas y brillantina no van conmigo: para mí no es Navidad!. Y creo que tampoco quiero que lo sea si no fuese porque para mí significa compartir momentazos con los míos, familia y amig@s. Y si no fuese porque este año seré la anfitriona de fin de año con mucho gusto. Mi humilde morada será más auténtica que la de la Preysler, con ferreros rocher de los de verdad y nada de torrecitas de corcho pegadas, jaja.

La Navidad comienza ese día en el que te pones decente para ir a pasar ratos agradables rodeada de los tuyos. Con más o menos anécdotas, risas y besos por cada esquina. Ah, queda totalmente prohibido hablar de política y cebarse con el cuñao’😝.

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Es la única época del año en la que todos nos damos el mejor y más valioso regalo: tiempo. Tiempo para compartir juntos. Hablar y escuchar tranquilamente. Sin prisas. Sin estrés. Con buen humor. Dejándonos llevar por esa magia roja que saca lo mejor de nosotros y más aún si estamos rodeados de niños. Los protas, sin duda, la Navidad es para ellos. Muy lejos quedaron aquellos maravillosos años de dejar las zapatillas junto agua y pan para los camellos…

Conforme creces lo vives de otra manera y nos acordamos más de los que faltan que de vivir en el momento. Pero es irremediable, sin ellos es diferente. Pero yo sé y mi familia también que es mejor celebrarlo sin sentimientos de tristeza y recordando buenas anécdotas. Teniéndolos muy presentes pero disfrutando de cada instante porque en realidad es lo que ellos desean, vernos unidos y felices.

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¿Y qué me decís de la Nochevieja? Esa que planeas en una tarde de diciembre y entre tres personas. Arreglao’! Hace diez años tendría compradas las entradas de la fiesta de fin de año desde hace tres meses. Pues eso que las cosas cambian y nosotros con ellas. Lo que no cambia es que yo soy más de Reyes Magos que de Papá Noel. Esa noche lo que cuenta es roscón mojado en chocolate calentito y lo que caiga de Baltasar. Es la mítica noche «panaera». La de la tía Lina, su saca de dulces  y salados varios. Sin olvidarnos de los más peques de la family, aunque los peques ya no lo son tanto y se las saben todas. Pero nada sería igual sin el ruido de sus risas nerviosas de fondo dando jaleo. Tampoco será igual ver tu sillón vacío, no escuchar tus quejas y no poder ver tu sonrisa colapsando el tazón de leche con todos los dulces posibles. Pero ahí estarás tú.

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La esencia de la Navidad eres tú. Soy yo. Somos todos. Las personas somos las que hacemos que la Navidad sea especial. La Navidad no son regalos. Es ilusión. Son abrazos. Son detalles. Besos. Deseos. Son uvas y olivas. Son risas y terapia con la familia escogida y con la de sangre. Son brindis y bailoteos celebrando la vida por permitirnos un año más juntos.

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Bajo el sol de diciembre y desde la millor terreta del món, os deseo un maravilloso final de diciembre y un saludable y amoroso año nuevo.

Carol