He llegado a ese punto de mi vida en el que no soporto ciertas situaciones y creo que tampoco tengo por qué aguantarlas. No pretendo transcribir el texto de Meryl Streep, a la que por cierto admiro mucho como persona y actriz compartiendo totalmente su opinión sobre el escrito que realizó sobre la impaciencia.  No tengo su edad y por tanto su experiencia, pero entre los veintiocho y veintinueve que ya van caminito de los treinta, estoy viviendo un antes y un después en mi vida. Un caos. En todos y cada uno de los aspectos de mi vida. Caos que a veces amo y otras odio muy mucho.

Soy consciente de los cambios y en parte la incertidumbre hace mis días más amenos. Prefiero no saber, sentir mucho y dejar que las cosas vayan sucediendo. Aunque a veces desespero. Me encuentro sumergida en la crisis de los 29, a la vez que me ha venido a la cabeza el hito del Crac del 29, curioso, porque fue llamado como la Gran Depresión. Eso sí fue una gran crisis y lo demás es otra historia. Yo no tengo depresión, de eso estoy segura, pero sí soy una montaña rusa at the moment.

Lo que sí sé y estos años me lo han puesto a huevo es que ya no soporto ciertas actitudes o tipos de personas, incluyéndome a veces a mí misma, jaja. Ahí va eso!

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No soporto a las personas que siempre tienen que tener la última palabra. Aquellas que creen saberlo todo sobre todas las cosas, las que te van dando la chapa con sus lecciones de vida como si los demás no viviésemos en este mundo. Las que carecen de humildad y sus bocas son incapaces de pronunciar un no sé antes de hablar por hablar o hacerse el listill@ buscando la solución en un pis pas con las nuevas tecnologías. Como si los demás no nos diésemos cuenta de ello. No se puede saber de todo y sobre todo, qué aburrimiento!.

No me gustan las personas que no se dejan enseñar por otros porque en sus mentes prodigiosas todo está inventado y además desde hace bufff…años y años. Típico que cuando tú vas él/ella ha ido y ha vuelto. Bravo!

No puedo con los «profesionales» que no tienen profesionalidad alguna y menos con aquellos que no conocen las palabras claves para tratar con personas: empatía, sensibilidad y compasión. Perdónenme, pero su labor no es tallar piedras. No hace falta hacer un máster, es cuestión de humanidad.

No puedo con la gente que hace leña del árbol caído y se aprovecha de la vulnerabilidad de las personas haciendo negocio de las desgracias de las personas.

No me gusta la gente que se mueve por la superficialidad en lugar de dejarse fluir por sensaciones, energía, química y coco.

Tampoco quiero en mi vida amigos que cuando se echan novia hacen «chas» y desaparecen for ever, no gracias.

Desconfío de las personas que no le gustan los animales, los seres más inocentes y sobre todo desconfío de los que ven a un peludo por la calle como si viesen una papelera.

Soy intolerante con la tauromaquia, eso a lo que algunos llaman arte. Precioso espectáculo ver agonizar a un ser vivo inocente porque tú necesites sentirte más hombre toreando a un animal colocado en medio de una plaza para ser apuñalado. Se podría definir: súper ego torero contra el puro sufrimiento de un animal indefenso. Ole tus huevos dorados por ponerte delante de un toro medio drogado y llevarte el rabo o la oreja a tu casa. Eso sí que es bonito!

No aguanto a las personas que solo te buscan por interés. Se te ve el plumero «amig@». Si te importo me lo demostrarás a diario o al menos me lo harás saber.

No quiero reuniones con móviles en mano. No quiero que me preguntes cómo estoy  sin mirarme a la cara. Para eso iros a la mierda tú y tu querido y fiel amigo iPhone.

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Me desinteresa la gente intolerante. Los que no son capaces de abrirse al mundo a experimentar nuevas sensaciones. Las cabezas cuadradas. Las personas que gritan porque se creen que vas a entenderles mejor o sienten mayor autoridad. Los insultos. Las faltas de respeto. Los que no guardan silencio en el momento indicado. L@s controladores. L@s cotillas sin confianza. L@s mal pensantes. Los que fuman cigarrillos eléctricos en el cine, ola ke ase?

Hay personas que no son capaces de alegrarse por los méritos de otros. Vamos que los envidiosos y competidores de doble cara cuanto más lejos mejor. No me gusta una persona que no sepa aplaudirte y decirte: ole tú, gracias por la  lección que me has dado porque me has enseñado mucho como persona. Las personas a las que les cuesta alagar por una verdad suelen estar hechos de cerámica, además de disfrazados de seguridad.

L@s tacañ@s. Precisamente los que más tienen suelen ser los que te cogen hasta el último céntimo. Cuanto más tienes más quieres. Y la pura verdad es que no es más rico el que más tiene si no el que menos necesita. Al dinero hay que darle la importancia que tiene. Al final te irás de aquí sin nada.

No aguanto mentiras y menos mentirosos. A esto se une «mi no entender» el apoyo que hay de un segmento de la población a la panda de cínicos corruptos. Nada…que seguimos sin dar un paso.

Los que se creen elitistas a costa nuestra. Hemos ido alimentando a los buitres directa o indirectamente, confiando tantos años en lo que la política significaba después de nuestra dictadura, ¿y ahora?. A la mierda el rojo y azul. Triste que tanto unos como otros sigan mirándose el ombligo…

Los narcisistas…esos a los que les cuentas algo y en seguida empiezan a hacer de la conversación su propio monólogo. Me aburren. No escuchan, ni les interesa.

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Tampoco quiero aguantar las críticas continuas hacia otros o juicios sin prueba alguna, he aprendido que «lo que Juan dice de Diego dice mucho más de Juan que de Diego.» ¿ y sabes por qué me aburren las críticas? Porque nunca sabes lo que te va a tocar y desde el ojo ajeno todo se ve de distinto color. Más todavía aquellas personas que son incapaces de hacer autocrítica porque la frase de yo soy así es «genialisima»y sirve para todo aquello que no te interesa. Existe una cosa llamada plasticidad cerebral. Si quieres puedes cambiar y lo sabes!

Me cuesta que terceras personas decidan qué hacer con mi cuerpo o ser ratón de laboratorio, siempre desde la parte profesional. También hoy me pillas con la monstruación.

Odio la palabra pero. Yo también pienso que es la palabra más puta que existe. Pone tantas barreras entre las personas que nos perdemos muchos trenes.

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No sabía cómo empezar el PoSt, el caso es que cada X tiempo todos tenemos épocas de crisis más o menos llevaderas y esto me ha servido para darme cuenta de lo que no quiero ni tolero. Y ahora me toca a mí, ante la incertidumbre del momento, dejarme llevar por no sé qué que me hace estar donde estoy aquí y ahora.

P.D: amo a la gente comunicativa, sensible, sincera, humilde y que sabe escuchar como tú. Nadie como tú.

Carol