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La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes.

Sin duda alguna creo enormemente en esta frase del gran Jonh Lennon. Proviene de su canción «beautiful boy» dedicada a su hijo Sean Lennon al nacer.
Mientras vas haciendo planes, sean cuales sean, la vida sigue su curso. A veces te da la mano, otras la espalda. Y otras nos vamos perdiendo lo verdaderamente importante mientras estamos ocupados haciendo lo que creemos que necesitamos para ser felices. Cuando necesitas ser feliz, es porque no lo eres. Si buscas la felicidad constantemente, obvio, carecemos de ella.

Nuestra felicidad es ahora, ya soy feliz. Tengo dentro de mí todo lo que necesito para serlo. (repítelo)

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Tienes claro lo que quieres. Tus objetivos, tu meta. Todo aparentemente planificado, encaminado y controlado. Y de repente la vida se transforma en otra película totalmente diferente a la que estabas protagonizando. Otro escenario. Otro género. Nuevos compañeros de reparto. Aunque los de siempre siguen estando ahí, a tu lado, por muy tenebrosa que sea la escena. Ahora no queda otra que desempeñar ese nuevo papel en el que te ves envuelto, de la mejor forma que sepas, mientras tú te empeñabas en representar tu propia historia. La que creías intocable, que no interminable. No queda otra que adaptar tu personaje al nuevo largometraje o quedarte sin la que puede que sea la gran «actuación» de tu vida. El viaje más afortunado.

Porque al final todo saldrá bien y si no sale bien es que todavía no es el final.

Te empeñas en conseguir ser «eso». Te enganchas a esa dinámica, a lo que exige el alcance de esa meta. Apego total por «eso» que verdaderamente deseas y a lo que no eres capaz de renunciar. ¿Pero es realmente lo que necesitas? ¿es «eso» lo que verdaderamente va a hacerte feliz?. Mi destino ya se ha encargado de darme la respuesta.

Es entonces cuando esa idea fija que tenías en tu cabeza se va quebrando poco a poco ante el cambio presentado en tu vida. Esa vida que sigue transcurriendo como el caudal de un río, a pesar de que te empeñes en frenarla. Ya no sabes de qué va la película, en qué parte te quedaste ni hacía dónde vas. La incertidumbre se convierte en una aliada y es que el final no se puede entender hasta que no lo ves con tus propios ojos, por mucho empeño que pongan en contartelo día tras día. Necesitas ver para creer.

Dudas sobre si lo que querias con tanto deseo era de verdad. Poco a poco vas renunciando al interés por el resultado de lo que esperabas que iba a ser tu vida. Al menos lo era. Pero algo me ha hecho cambiar. Ya no lo sientes igual. Ahora te das cuenta que nada es estable. Que aunque vayas a tener trabajo para toda tu vida, no significa que sea el trabajo de tu vida. Que por mucho que te empeñes en algo, cabe la posibilidad de que no sea para tí.

Yo siempre digo si tiene que ser será…

Te desligas del deseo, confundido con la necesidad que nos conduce a perseguir metas que a lo mejor, realmente no nos satisfacen. En ese momento, adoptas una actitud más relajada y, a pesar de que puede parecer un contrasentido, nos resulta más fácil conseguir lo que deseamos. Ya veremos.

No hay más opción que fluir como el agua de ese río, caudal abajo hasta desembocar en el infinito mar. Sin hacer otros planes. Dejando que la vida sea. Ya no merece la pena dejarlo todo para saber lo que hay al otro lado de la orilla.

Muchas ideas en la cabeza y más ganas de ponerlas en práctica, pero esta vez de distinta manera. Amando lo que hago. La vida me ha brindado esa oportunidad, parar, sentir…mientras voy aprendiendo la lección.

Nos han hecho creer que la felicidad se encuentra fuera de nosotros, consumiendo, estudiando, compitiendo, queriendo cada vez más y más…nunca es suficiente. Ese es tu ego, no eres tú.

«La esperanza es el sueño del hombre despierto» Aristóteles.

Allá vamos…

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