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La vida a veces puede ser muy puta, lo que viene siendo una verdadera mierda. Injusta sí. Pero por el motivo que sea hay que seguir, siempre hay un cómo, recordar que estamos aquí por algo y que hay que saber cuando rendirse: nunca nunca nunca. Como dice una amiga mía «Si la vida te da limones haz limonada». Pues eso…

Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, vamos que mientras «es nuestro» y lo tenemos ahí cerca no sabemos valorarlo. La verdad que yo hasta este jodido 2015 no lo había podido comprobar bien del todo. ¿Qué afortunada no?. Quizás por ello me llegó la hora de experimentar en mis propias carnes el valor de esas pérdidas y como no podía ser de otra manera, si viene una vienen todas. Porque si tengo que ponerle nombre a este año, sin duda, ha sido el año de las pérdidas. Creo que para esta noche vieja dejaré atrás mi tradición de tomarme las doce olivas y me paso a las uvas como la mayoría de mortales, ver si con esas la cosa sale mejor…

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No es que no valorase lo que tenía y sigo teniendo, al contrario, me siento afortunada, pero en lugar de arrepentirme por todo lo que he ido perdiendo o se ha ido alejando de mí, al final siempre he sentido que ha sido para mejor. Positivo. Todo lo que fui dejando atrás en el camino ha hecho que me valorase más a mí misma, en vez de sobrevalorar o idealizar lo que perdía. Esa es mi verdad. Si lo perdí fue porque no me hacía feliz, no era para mí. Dejarlo marchar, a pesar del dolor de ese momento, se convirtió en alivio, libertad y aprendizaje. Pero igualmente se sabe que los humanos somos de no valorar suficientemente lo que tenemos hasta que se esfuma. A veces hasta deseamos sentir «eso» para volver a sentir «eso otro» que sentías antes y es entonces cuando aprieta tanto el apego que cuesta mucho de explicárselo a tu corazón. Por momentos tiendes a idealizar eso que ya se fue. Conforme pasan los días lo que era tan horrible igual ya no lo es tanto y empiezas a sentirte más vulnerable. Tu mente empieza a darte tralla y a intentar autoengañarte. Pero en el fondo sabes que lo mejor es dejarlo marchar porque así lo dice tu intuición.

A mí, mis pérdidas me han hecho darme cuenta más de lo que he ganado, que de lo que he perdido. De lo que queda por conquistar. De lo que queda por vivir. De lo que queda por conocer porque no siempre vale lo malo conocido. No perdamos la oportunidad de entre lo bueno, lo mejor por conocer. Aún queda mucho por descubrir. Recorrer. Escribir. Me ha servido para darme cuenta de la basura que tenia a mi lado, de lo poco que me aportaba y de que mi inconsciente tenía razón. Dejarte llevar por inercia, comodidad o como un robot solo sirve para ir muriendo lentamente. Entonces ahora es cuando sé lo que tuve y que nunca más volveré a querer tener.


Lo único a lo que realmente deberíamos tener miedo a perder es la salud. Lo demás va y viene. Pero cuando se trata de salud… ahí sí que se trunca todo. Las cosas empiezan a cambiar de sentido y es entonces cuando realmente te puedes aplicar el «no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes». Lo sientes cada día que te despiertas. Lo que antes era molesto e insignificante ahora cobra todo el valor del mundo. Cualquier situación cotidiana, rutinaria y aburrida quieres que vuelva de nuevo a tu vida. Un paseo, conducir, sudar endorfinas, un café… Pero esto es así. Te jodes y a luchar. Unos dicen «te ha tocado» a secas, otros lo ven de manera más profunda como el camino hacia un nuevo aprendizaje. Yo creo las dos cosas, pero por encima de todo creo que somos uno, cuerpo, mente y alma y que cuando falla uno, fallan todos.

Los días se convierten más oscuros que claros, pero para hacerlos bonitos ya estoy yo, que no mi mente, porque no la dejo intervenir demasiado. Lo justito. Prefiero sentir. Ser. Fluir. Intuir.

Los que tenemos o habéis tenido perros ¿Os habéis dado cuenta de su alegría y ganas de jugar?. Su amor incondicional y su disposición a celebrar la vida en cualquier momento suele contrastar bruscamente con el estado del dueño: ansioso, deprimido, cargado de problemas, perdido en el pensamiento, ausente del único lugar y del único momento que existe:

AQUÍ Y AHORA

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Cuando percibimos las cosas solo desde la mente y el pensamiento no podemos sentirlas en toda su viveza. Solo ves la forma, pero no eres consciente de la vida que anima a la forma.

Esto es lo que he ganado y mi perro me lo recuerda cada día. Creo que es mucho.

Carol