Se estima que tenemos unos 60.000 pensamientos diarios y la mayoría son negativos, repetitivos y del pasado. No nos damos cuenta, pero si ya te conoces y sabes que lo que piensas no eres tú, puedes observarlos y dejarlos pasar.

Si no has experimentando todavía esa sensación intenta hacerla posible a través de la meditación y tomando consciencia de que nuetra realidad depende de cómo interpretamos las cosas, en definitiva, de lo que nuestra cabecita nos dice, influenciada como no, por las creencias que nos han ido imponiendo a lo largo de nuestra vida.

El cerebro es un músculo cuya plasticidad nos permite entrenarlo, modificarlo y cambiarlo con el fin de llevar una vida más saludable, tanto desde el punto emocional como físico, ya que ambos están relacionados. No dejemos que el ruído mental incesante nos atrape y perdamos lo único que tenemos; el momento, lo que está ocurriendo ahora mismo a nuestro alrededor, y que a veces por muy feo o simple que parezca viene encubierto de muchas oportunidades y no tantas amenazas como creemos.

Además de arquitectos de nuestros pensamientos, somos Seres compuestos por un todo; cuerpo, alma y mente. Todo lo que hacemos influye de manera instantánea a nuestros  tres «elementos» y la verdadera esencia de Ser, la autenticidad, está en lo más profundo de nuestro interior. Párate. Busca. Obsérvate. Conócete y elige que camino quieres vivir: el del miedo o el del amor.

«Conocer a bien a los otros es inteligente, conocerse bien a si mismo, es sabiduría.» A. Einstein.

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Pensamientos distorsionados 

Filtraje: solo nos fijamos en los detalles negativos de cada situación/persona magnificándolos situación/persona, magnificándolos.

Pensamiento polarizado: las cosas/personas son blancas o negras, buenas o malas.

Sobregeneralización: extraemos conclusiones generales de un único incidente.

Interpretación del pensamiento: nos creemos capaces de adivinar lo que piensa o siente el otro. Lectura “demente”

Visión catastrófica: se espera el desastre. Y si??

Personalización: todo lo que el otro dice o hace es una reacción contra mi.

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Falacia de control: se siente víctima del destino o responsable de la humanidad. Impotente u Omnipotente.

Falacia de justicia: yo sé qué es lo justo o adecuado y los demás no están de acuerdo conmigo.

Culpabilidad: necesidad de encontrar al culpable de las situaciones (otro o uno mismo).

Debería: lista interior de normas rígidas de comportamientos para si mismo y para los demás.

Razonamiento emocional: creer que si siento algo determinado, necesariamente es así en realidad.

Falacia del cambio: creer que mi felicidad depende del cambio de los demás. Es más fácil cambiar al otro.

Las etiquetas globales: etiquetar a una persona a partir de un hecho o circunstancia, ignorando lo demás.

Tener razón: necesitar probar continuamente que mi punto de vista es el correcto. Estar a la defensiva.

Falacia de la recompensa divina: espera cobrar algún día todo el sacrificio que hace como si alguien llevara la cuenta.

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Para llevar a cabo un control de esos pensamientos erróneos debemos en primer lugar relativizar, no hacer una montaña de un grano de arena. Respira hondo y observa la situación una vez  que haya transcurrido el punto álgido del momento.

No culparnos de cosas que escapan a nuestro control. Las cosas no son blancas ni negras ¡el gris también existe!

Preguntar!! No sabemos qué piensa el otro. No supongas nada ni te montes películas.

Pedir ayuda, solos no podemos llegar a todo y sobre todo hay momentos en la vida que necesitamos esa ayuda para que nos sirva de trampolín hacia nuestras metas.

Cada persona tiene su punto de vista ¡apreciemos lo diverso! No siempre tenemos razón.

Lo que pensamos influye en lo que sentimos y hacemos ¡cambia tus pensamientos!

Carol