Te tocó cuando tu madre decidió no abortar.

Te tocó cuando la vida confabuló y naciste.

Te tocó cuando measte por primera vez.

Te tocó cuando pudiste ponerte de pie.

Te tocó cuando no pudieron contigo las paperas.

Te tocó cuando saliste incólume de la adolescencia.

Te tocó cuando tuviste un orgasmo y otro y otro.

Te tocó cuando tu padre se pudo despedir.

Te tocó con aquel ataque de risa.

Te tocó cuando el avión aterrizó.

Te tocó cuando te echaron de aquel trabajo.

Te tocó cuando te dejó aquella persona que no te quería.

Te tocó con el paseo por la orilla.

Te tocó cuando enfermaste, pero aquí estás.

Te tocó cuando acabaste ese libro.

Te tocó cuando probaste los melocotones.

Te tocó al abrir el grifo.

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Te tocó cuando el coche se quedó sin gasolina.
Y entonces viste aquel atardecer.

Te tocó cuando buscaste en Google bizcocho de chocolate.

Te tocó cuando te traicionaron.

Te tocó cuando dijiste que no.

Te tocó cuando dijiste que sí.

Te tocó cuando la protagonista dijo que ya lo pensaría mañana.

Te tocó ahora mismo.

Que eres capaz de leer estas simples líneas.

La suerte es seguir aquí.

La suerte es poder haber estado.

La suerte no toca.

La suerte es poder tocar.

Así que tócame otra vez.

Y hagamos París de este viejo sillón.

Roy Galán