Un martes cualquiera, tumbada, mirando al infinito a la vez que observo cada detalle de mi alrededor. Sin prisa. La naturaleza y yo, a solas. Visualizo mi mayor deseo, lo veo. Qué afortunada me siento en este preciso instante. Esto no lo puede hacer todo el mundo.

Me encantan los días después de la lluvia. Ese olor a pureza. Aire puro. Los días sin nubes que dejan ver el eterno color azul del cielo. Mi color favorito. Y ese verde que crece y crece por cada una de las esquinas del jardín y que parece que hasta las plantas lloren de alegría por cada gota de lluvia derramada y con el señor Lorenzo brillando como la estrella que es, repartiendo luz, vida, energía…

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El tiempo en cuestión de minutos puede destruir o enriquecerlo todo. Tiene el poder de cambiar estados de ánimo, planes, vidas, experiencias, a la propia naturaleza y muchas de las veces hace mucho daño. Ese del que todos somos responsables. La acción del hombre en la Tierra. La de todos. Cada vez más destructiva. Arrasamos por dónde pisamos, unos más que otros…No somos conscientes de los recursos naturales que disponemos para disfrutarlos y cuidar de ellos. Lo gratis se valora poco.

«La Tierra es impresionante. Estas son granjas, así se llaman, los humanos metían semillas en la Tierra, vertían agua en ellas y crecía la comida, como pizzas». Wall-e

El tiempo cambia, se deja sentir y pasa. Y es entonces cuando nos toca poner todo patas arriba para aclimatarnos unas cuatro veces al año, si es que no se vuelve algo más loco de lo que está. Nosotros también cambiamos junto a él, soy de las que piensa que nunca un lugar visitado dos veces volverá a ser igual que la primera vez. Te das cuenta de que todo ha cambiado, el lugar y tú.

«No volvamos a este lugar nunca porque nunca volverá a ser como ahora» Lost in Translation 

Estuve en un país donde llovía por la noche y por el día salía el sol, era genial. Te levantabas con nuevos aires, sol y encima rodeado de vegetación. Croacia. Lugar recomendable.

A mí últimamente el tiempo me influye más de lo que pensaba. Bueno nunca me ha gustado el frío. Lo justo y necesario. Siempre voy detrás del Sol. Antes podía llover lo que quisiera que nada me importaba, es más con lluvia se estudiaba mejor (eso me decía yo). Pero algo ha cambiado y sigue cambiando. Ahora estar con el Sol es como estar en otra dimensión. Conectar con ese «algo» que me hace sentirme viva. Alegre. Conmigo. Pienso que con solo poder verlo cada día ya soy muy afortunada, aunque esté tras las nubes. Me quedo con las noches de lluvia infinitas, bajo mi amante nórdico mientras escucho el sonido mágico de la lluvia caer y despertar con él, Lorenzo.

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Ilustración de Alfonso Casas, me encanta. Ahora toca un poco de todo. Lluvia de la que te cala entero por dentro o esa de la que vuelves algo pringao a casa. Aunque yo seguiré tras el Sol…

Y es que las buenas noticias cambian la vida: el inicio de algo, una boda, un nacimiento, un ascenso, un nuevo proyecto profesional o personal,etc. Pero las malas…

Cuando llegan las malas, esas no sólo cambian la vida, sino que además arrastran, revuelven el estómago y la percepción de las cosas. Anuncian y te aseguran que las prioridades serán otras a partir de entonces, que la rutina será completamente distinta si no lo era ya, y lamentablemente, ahí,  justo en ese momento en que eres consciente de lo que sucede, te cae el chaparrón y llega el dolor. Por suerte viene acompañado de personas maravillosas.

«Un día decidí dejar de resistir para que lo que tenga que doler, duela; lo que tenga que nacer, nazca y lo que tenga que ser sea»

Eso y, mucha risa y amor para que duela menos.

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